Seis totales de televisión que no soporto

Desde el típico que sólo quiere que se hable bien de su pueblo hasta el que repite lo que dice la voz en off… ¡no te pierdas los seis totales de televisión que no soporto!

La terminología del periodismo es variada y en cada medio y región se utilizan palabras distintas para hacer referencia a una entrevista. Mientras que en radio es habitual hablar de corte, en el caso de la televisión se conoce comúnmente como totales a la selección de parte de una entrevista. Algunos periodistas de televisión más clásicos, generalmente influenciados por las reglas de estilo de Televisión Española, se refieren a ellos como declas -término que a mí me suena raro, la verdad es que prefiero totales-. Cuando se trata de unas declaraciones en las que hay muchos medios de comunicación, también se utiliza la palabra canutazo.

Si normalmente ves las noticias, seguro que estás acostumbrado a ver a gente hablándole al micrófono con el logo de la tele en cuestión. A mí me encanta escuchar a la gente de la calle porque muchos de ellos son únicos, se presentan ante la cámara como ellos mismos y no suelen tener en cuenta la posible repercusión de sus palabras. Desde la irrupción de la telefonía móvil, la compartición de imágenes y audios y los selfies, la gente de a pie ha perdido el miedo a la cámara de televisión y la naturalidad es todavía mucho mayor. Todavía hay personas reticentes a salir por la tele contando lo que han comprado en las rebajas, pero no cabe duda de que la cámara y el micro asustan menos que hace una década porque estamos acostumbrados a vernos y a escucharnos en el móvil.

Pero esta entrada no pretende explicar lo que es un total, ni cómo se llama en cada uno de los medios, ni cómo enfrentarnos a él. Con este post pretendo revisar algunos de los tipos de totales que he visto en televisión y que no me han parecido apropiados. ¡Vamos a por ellos!

Los folclóricos

Estos totales aparecen normalmente en medios regionales, aunque también se los puede ver en la televisión nacional. Son aquellas personas que, como no saben qué decir ante la cámara, alaban a la región, sus productos, su cultura o sus expresiones locales. Los folclóricos no tienen mucho que aportar y por ello utilizan expresiones como «como en casa en ningún sitio», «lo de aquí es lo mejor», «como decimos en esta tierra», «nosotros es que estamos hechos de otra pasta», etc. Algunos de ellos incluso llegan a exagerar su acento para que todos veamos lo orgullosos que están de su forma de hablar.

El hecho de que un periodista incluya totales de folclóricos en sus informaciones denota que no ha indagado lo suficiente porque no aportan demasiado. Además, su emisión incentiva el que los espectadores olviden que el mundo es mucho más grande que su región, haciéndoles pensar que lo que ellos hacen y consumen es lo mejor y que todo lo demás no tiene calidad. Los informativos de televisión deberían tener cuidado a la hora de incluir estos totales en sus piezas porque motivan el desprecio hacia lo diferente, cuando en realidad el conocimiento se construye a través de, precisamente, lo desconocido. Como decía, estas declaraciones se utilizan sobre todo en las televisiones regionales -principalmente autonómicas- porque la promoción de la cultura local es justamente una de sus prioridades. También se pueden ver en la televisión nacional, aunque menos a menudo.

Los monosílabos

Estos totales aparecen sobre todo en la televisión nacional. Gente que tiene su segundo de gloria para decir «sí» o «no» o «mucho» o «poco». ¿Qué sentido tiene esto? Imagino que lo harán para dotar de dinamismo a la información, ya que la televisión se ha convertido en una acelerada secuencia de imágenes y declaraciones que priorizan mantener nuestra atención a mantenernos al tanto de la actualidad. Sin embargo, incluir totales con monosílabos me resulta ortopédico y no les encuentro sentido porque no aportan nada. Seguro que las personas entrevistadas tienen algo más interesante que contar y, si no lo tienen, con no ponerlos es suficiente.

Y es que me imagino a una de estas personas esperando delante del televisor, después de avisar a su familia y amigos de que la tele les había grabado, para verse a sí mismos diciendo un monosílabo delante de toda España. Si yo fuera el sujeto entrevistado, me decepcionaría y pensaría que los que me hubieran visto creerían que no soy una persona muy inteligente. Vaya segundo de gloria más soso, ¿no? «Sí».

Los que no se entienden

Todos hemos visto a ese grupo de fiesteros -disfrazados o no-, litrona en mano -con alcohol en ella o no-, gritando delante de la cámara sin que se entienda nada de lo que se dice. Sí, la imagen es muy ilustrativa, pero por Dios, ¡que pongan subtítulos! Lo mismo sucede con los conciertos, las zonas en construcción y otros escenarios ruidosos. También pasa con las personas que no pronuncian bien, que tienen problemas de dicción, que hablan demasiado bajo o que no hablan bien el idioma. ¿Qué aportan a la información unas declaraciones que no se entienden? Pues se subtitulan y arreglado, ¡no hay problema!

Sin embargo, entiendo que a veces la decisión de subtitular a alguien o no pone al periodista en una situación incómoda. ¿Qué pensará una persona a la que se subtitula porque no se le entiende? ¿podría herir su sensibilidad? Es una decisión complicada, pero también deberíamos preguntarnos: ¿qué valor tienen unas declaraciones que no se entienden? La respuesta es simple: ninguno.

Los que se nota que están manipulados

Una vez hice un reportaje sobre cómo algunas pequeñas localidades estaban teniendo auténticos problemas para mantener económicamente sus salas de cine. Siendo las entradas tan caras y habiendo tantísimas otras opciones de consumo audiovisual, las ciudades con pocos habitantes no estaban rentabilizando sus teatros. Nos colocamos a la entrada de una proyección para tomar totales de la gente que iba a ver una película, pero nadie nos quería hablar. Finalmente, un grupo de niños acompañados por sus padres se ofrecieron a participar, pero no había forma de que dijeran nada -a veces los niños son difíciles-. La redactora que me acompañaba les preguntó: «Venga, chicos, ¿qué es lo mejor del fin de semana?» a lo que los niños contestaron, al unísono: «¡el cine!».

A la hora de editar el reportaje, incluimos a estos niños más por descarte que por el valor de lo que decían. Cuando un compañero vio la secuencia, nos dijo que el total de los niños sonaba manipulado y tenía razón. No sólo la pregunta de mi compañera ya sonaba tendenciosa -siendo que ellos sabían de qué iba el reportaje y que estábamos en la puerta de un cine- sino que además los niños de hoy prefieren la tableta o el teléfono a la gran pantalla -vamos, que no era verdad-. Así que toca hacer autocrítica 🙂

A los que dan paso con una frase sin cerrar

Hay muchas piezas que dan paso a totales con frases sin terminar que se completan en el contenido de la declaración. Reconozco que es una cuestión de gustos, pero esta manera de introducir totales me desagrada mucho porque da la impresión de falta de interés en la redacción. Por ejemplo: «[voz en off] Consideran que el salario mínimo debería ser más elevado porque… [paso a total] es difícil para muchas familias llegar a fin de mes porque sus salarios son muy precarios». A mí este tipo de paso a total me suena barato, como redactado sin interés. Me pregunto por qué no terminan la frase, no tiene sentido que la dejen colgando con esos puntos suspensivos como si no encontraran la manera de concluir la oración. A lo mejor los que optan por introducir un total de esta manera piensan que tienen un estilo moderno o que facilita la transición de la voz en off a la del entrevistado. A mí, personalmente, me suena a trabajo de estudiante de secundaria, pero como digo, seguramente es cuestión de gustos.

Creo que el ejemplo propuesto debería ser algo como: «[voz en off] Consideran que el salario mínimo debería ser más elevado». Punto. «[Paso a total] es difícil para muchas familias llegar a fin de mes porque sus salarios son muy precarios». Si acaso, se podría concluir la frase añadiendo algún dato que enriqueciera la información, como una cifra concreta (la cantidad a la que aspiran) o una razón que difiera de la del total. Esta última idea nos lleva al siguiente tipo de totales sin demasiado sentido.

Los que repiten lo que dice la voz en off

¿Por qué? ¿Por qué repetiría la voz en off exactamente lo mismo que dice el total? Si una pieza de televisión dura en torno a un minuto y medio, no tiene sentido que se desperdicien treinta segundos entre off y total para decir exactamente lo mismo dos veces. ¡Que hablen de otro aspecto de la información! El espectador no necesita una prueba fehaciente -en forma de declaración a cámara- de que lo que están diciendo es verídico. No digo que no se trabajen los pasos a total, de forma que la frase anterior introduzca un poco la información para agilizar el discurso. Lo que estoy diciendo es que de ninguna manera deberían decir lo mismo y que ambos recursos -voz en off y total- deberían complementarse cuando se trata de plasmar una información.

En definitiva

A la hora de elegir totales para incluir en una pieza de televisión, hay que tener en cuenta su valor, su aportación a la información, su contexto y su honestidad. Hemos de ser considerados con el espectador, pero también con la persona que se presta a colocarse delante de la cámara. Es comprensible que la televisión y sus informativos tengan que ser ventanas ligeras y rápidas, pero no hay que olvidar que son vistas por miles de personas y que por tanto hay que cuidar las formas cuando se incluye a gente que nos hace el favor de exponerse.

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